El primer trabajo de Marlango de fondo, en pijama para estar lo más cómoda posible, café, uno detrás de otro y en elegidas tazas.
Rotuladores, flourescentes, folios en blanco, a cuadritos yanillados.
El atril, el correo con tintes de llamada de atención, imaginarme la antipática cara de mi profesor de temario (...).
No encuentro estímulos lo suficientemente persistentes para mantenerme más de treinta minutos firme ante un temario de oposiciones.
Intento recordar cómo era aquella chica de dieciocho años que resistía dos semanas sin ir a su casa los fines de semana por permanecer estudiando en aquella residencia en Valencia donde comenzaba a trabajarse un sueño.
Entonces era disciplinada, quizá me estimulaba llegar a ser periodista.
Una vez logrado, "never be the same" (acaba de susurrar la Watling).
En definitiva, el mundo laboral provocaque obres en contra de tus principios. Juré y perjuré que nunca opositaría. Mi madre me lo metía hasta con los regalo sorpresa de los roscones de reyes (...)
Es la cuarta semana y lunes.
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